viernes, mayo 26, 2006

De la tierra a la luna - La verdadera historia - Parte I

Entre las noticias más importantes del año 1994 – las masacres en Bosnia y Ruanda, el juicio del ex-futbolista O. J. Simpson en los EUA, y otras – hubo una que pasó mayormente desapercibida por el público no especializado: se trataba del regreso a la Luna del programa espacial de los Estados Unidos a través de una pequeña sonda "desechable" denominada Clementine, cuya tecnología supuestamente era fruto de la entonces inactiva Incitativa de Defensa Espacial impulsada en la década de los '80 por el régimen de Reagan.

La realidad del asunto que la NASA jamás se olvidó de la Luna, ni siquiera durante los momentos más oscuros de los recortes presupuestarios realizados por el senador Bill Proxmire a fines de los '70 (Proxmire ordenó la destrucción de las instalaciones y herramientas utilizadas para construir los enormes lanzadores Saturno V que llevaron el hombre a la Luna). Se ha observado que durante el Programa Vikingo para la exploración de Marte, la NASA había propuesto el uso de un módulo de descenso parecido al Vikingo I para colocar más de 1.000 libras de equipo científico en cualquier parte de la Luna, aún en la cara oscura, mientras que un aparato orbital proporcionaba comunicaciones con la Tierra. Durante la década de los '80, la ex-astronauta Sally Ride presidió el comité encargado de explorar la mejor manera de regresar a nuestro satélite como trampolín para tareas de exploración más arduas, como la de Marte.
Sin embargo, existían otras líneas de pensamiento que proponían hechos sumamente intrigantes, tales como el hecho de que el proyecto Apolo no había sido más que un disfraz elaborado y de baja tecnología para ocultar el altamente sofisticado programa de exploración militar que efectuaba la exploración verdadera. Muchos llegaron al grado de sugerir la posibilidad de que ya se habían establecido bases debajo de la superficie lunar, excavadas por maquinaria sacada de una pesadilla. Y hubo otros – habitantes en la tierra fronteriza entre la cordura y la locura – que contaron historias sobre bases extraterrestres, lides entre humanos y extrahumanos, y el hecho de que la Luna era una esfera perfectamente hueca.
Colocando la paranoia a un lado, muchos creen aún que este reavivamiento de interés en la Luna resulta altamente sospechoso. Uno de los principales argumentos esgrimidos es la extraña circunstancia de que ambas superpotencias perdieron interés en la Luna casi al mismo tiempo: el altamente exitoso programa Lunakhod de la Unión Soviética tocó a su fin siete meses después de que se produjera el despegue de la misión Apolo 17 de la superficie lunar el 7 de diciembre de 1972. El centro de mando espacial soviético en Baikonur perdió contacto con el Lunakhod 2 misteriosamente en las inmediaciones del cráter Le Monnier, a tan solo 110 millas del punto de aterrizaje del Apolo 17. ¿Habrá sido cierto, entonces, aquel rumor de que los humanos habían sido echados de la Luna por intrusos, y que nuestras sondas lunares habían sido plagadas por intensa actividad OVNI?La agencia noticiosa UPI hizo eco de una noticia circulada por TASS, el servicio noticioso de la Unión Soviética sobre un hecho ocurrido el 14 de febrero de 1973: el Lunakhod 2 había descubierto una losa de piedra inusualmente lisa, casi parecida al tabique de una estructura humana, en las cercanías de las montañas Tauro. La losa guardaba un parecido extraordinario al célebre monolito descrito en la novela 2001: La odisea del espacio por Arthur C. Clarke.

En la década de los '70, una serie de artículos de prensa sugirieron la posibilidad de que los primeros astronautas habían encontrado naves e instalaciones extraterrestres tanto en el Mar de la Tranquilidad y como en otros puntos de la geografía lunar. Las transcripciones de las conversaciones entre Houston y los distintas expediciones lunares apuntaban la posibilidad de que los intrépidos astronautas estaban en una situación muy fuera de su alcance. El día de navidad de 1968, se produjo un evento extraordinario: mientras que la cápsula Apolo 8 circunvalaba la esfera lunar, las comunicaciones quedaron interrumpidas por un espacio de seis minutos que parecían interminables. Después de este lapso, los controladores en Houston pudieron escuchar que el astronauta James Lovell decía: "Acaban de decirnos que existe Papá Noel". Los aparatos de monitoreo clínico en tierra comprobaron que el pulso de astronauta había saltado repentinamente a 120 pulsaciones por minuto, habiendo permanecido en la gama normal antes del evento. Fuente: Scott Corrales

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